jueves, 17 de noviembre de 2011

En la oscuridad

La primera vez que volví, lo empujé, lo llamé a gritos y no me respondió. Decidí darle un tiempo y ocuparme de otras cosas. La segunda vez que volví, se me hizo muy difícil mirarlo, así que me fui. La tercera vez entré casi corriendo, lo miré y lo agité violentamente, pero no respondió.

Un día apagué la luz, cerré todas las ventanas y después la puerta, ahora no se como revertirlo. Ya no se quien es y porque lo espero, siempre tiene la misma edad y está en la misma habitación. Si es posible, voy a tener que viajar, dejar de ser yo y olvidarme de él.

lunes, 1 de marzo de 2010

Correr cucarachas muertas de una habitación a otra es horrible.
Entro al baño, paso las cucarachas al living, una al lado de otra. Vuelvo al living, paso las cucarachas al baño.

jueves, 28 de enero de 2010

La casa del enemigo

La Casa del enemigo- 1

La casa era inmensa. En algún momento estuvo repleta de ruido. Lunes, jueves y domingos la limpiaban la rubia y la empleada, que era su prima. Ahora en el barrio vive gente común, menos en la casa inmensa, donde vive Octavio, sus hermanas y su madre.
El pasillo/jardín, floreado, daba a una puerta de madera con una decoración en cruz, de hierro y unas hojas de aluminio plateado. La enredadera se ocupaba de dejar todas las ventanas verdes. La puerta de entrada estaba subiendo una escalera que terminaba en ese piso elevado de cemento, el pasillo, jardín, cercado con barandas gruesas, como las cercas de cemento del rió.
Aquella vez, debajo de las cuerdas de la ropa, estaba ella, linda, con mirada preventiva e inteligente. Lo vio dando vueltas cerca de la puerta, flaquísimo, no muy agraciado, con la ropa vieja y estirada. En una oportunidad él la vio a la otra, la morocha que le ponía la sangre caliente y toda concentrada desde comienzo del estomago hasta el termino de la entrepierna. Sentía como que se le revolvía todo en la panza y se le calentara la sangre. Era normal, pero él desconfiaba de esa reacción. Las cejas de la morocha eran hermosas, negras, trabajadas, pero de nacimiento, no como las de la rubia, trabajadas también, pero con pinzas. Las de la morocha estaban cautelosamente trabajadas por una fuerza máxima. Ella no se parecía nada a su hermana rubia, había un cierto aire que ni siquiera bordeaba un poco lo físico, un aire como de la misma casa, de haber vivido ahí, con la misma madre, el mismo padre y el mismo hermano. Hay mujeres que no tienen inocencia, hay muy pocas de esas, la rubia era una.
Si, la casa era grande, muy grande, de techos altísimos, antigua, bien cuidada, después del abandono, la madre de las chicas la seguía viendo reluciente y hermosa.
Las escaleras se enroscaban en el aire. Estaba también la sala de los pocos silloncitos. La mamá le decía así porque era enorme y tenia solo tres o cuatro silloncitos, y después todo el vació para ella. Estaban también las puertas de los ascensores, para Octavio, ahora, llenas de polvo. Por ultimo, en la planta baja, la habitación de las paredes altísimas, las dos puertas, el pasillo y la escalera.

El encuentro- 2

En la entrada de cemento, subiendo las escaleras, esta la Rubia, Malena, apoyada sobre la cerca de cemento. El flaco, Lautaro y ella, especialmente ella. La morocha que se asoma abriendo un poco la puerta y le muestra su cuerpo vestido pero violentamente abrasador, desnudo y caliente. Sus pechos. Su columna vertebral, sacándolos para afuera, no son muy grandes, pero son blancos, en esa ropa negra. Y a veces la ropa blanca pero no reluciente, lo llevaban a clavar sus ojos en sus labios gruesos y oscuros. Sus ojos con rimel.La mamá gritaba mucho, se enojaba mucho, después de la muerte del marido. De repente le vio las manos, frágiles. Y se derritió totalmente por dentro, sintió todo el calor junto y empezó a sentirse incomodo. Ella le hizo un gesto de que se acerque.
(Abro un paréntesis para decir que esto ya había pasado antes, solo que afuera, sobre el piso de cemento subiendo la escalera. Al fondo, lejos de donde esta la rubia. La morocha se le había acercado un poco y le había dicho que se acerque. El se había acercado tímido, y ella le había agarrado la mano y se la había puesto en su cuerpo, se la había movido en círculos, haciendo que la acaricie, y el se había quedado sin aire.
La verdad es que la hermana rubia lo había visto todo, las dos veces. Vuelvo a lo que pasó después, dentro de la casa) Él la acorraló contra una pared cerca de la puerta y le toco las piernas, tuvo una erección y le apoyó su sexo en su entrepierna, de repente vio su rostro, como de compadecida, pero de no querer y también, si se puede, con algo de odio. Ella le agarro la entrepierna, lo acaricio, le vio las músculos mas raros moverse. Quiso morderlo, para defenderse. Cuando él le acariciaba la cola, entró la hermana y ella desapareció velozmente escaleras arriba, mientras que él, caminó de espaldas a la rubia, hacia la otra sala, escondiendo la erección. Se fue a la sala de los sillones y la mesa ratona, el teléfono antiguo de números giratorios, el patio de mentira, con techo, plantas de plástico, una silla y un vidrio que lo separaba de la habitación y los pequeños objetos de metal y madera de la abuela.

La clase social alta- 3

Las chicas. Desde hace poco, las dos, lo estaban excitando a Lautaro. Subiendo la escalera le había visto el culo a la morocha, apretado entre los pantalones, bailando con una gracia acosadora.
Una vez Lautaro estaba paseando, y la rubia inteligente, Malem, lo había agarrado en la habitación de los sillones, y la pecera de las plantas, y el teléfono antiguo. Y le había dicho que estaba muy decepcionada, muy herida por lo que él le estaba haciendo a su hermana. Lautaro le explicó que él no la obligaba nunca a quedarse, que cuando el la tocaba a ella le gustaba. Ella le dijo que no, que mire bien su cara, que no se quedaba por gusto, si no por miedo, por las cicatrices que tenía en la piel. negras, los cortes.
-¿Metafóricamente?
Y ella dijo que si. Lautaro volvió a sentirse incomodo con la rubia, como cuando le mentía a su madre. Se quiso ir de la casa, la vio a la hermana, que de siniestra también tenía algo de excitante. La rubiecita encerrada en esa ropa, en esos pantalones vaqueros, celestes claros y esa remera marcándole los rollitos y las tetas grandes, no puede ser, le tengo tanto miedo.
Esa otra mañana, Malem le contó sobre su hermano Octavio. Lautaro se fue a su casa perturbado, se prometió no volver a tocar a la morocha.
Malem esta sola en la casa con Octavio. Octavio en frente de la computadora, la ropa sucia apretando su enorme panza traspirada, y su cara de estar pensando siempre mas haya, o de no estar pensando en nada. Movía la ruedita del ratón y tecleaba con dificultad, le caía baba, se la limpiaba, le volvió a caer, se levantó de la computadora y caminó por el pasillo oscuro hacia la puerta de al lado, la habitación de Malem, se sentó junto a ella en la cama, su cuarto tenía la computadora apagada y la cama desarreglada, ella quedó en silencio, Lautaro también. Vio algo de un niño en su hermano y con ternura le limpio la saliva. En ese momento la mirada de niño cambio un poco, y él acarició las sabanas desarregladas. Y ahí estaba su hermana, la rubia, exigente, protectora. El miró las sabanas, sin vergüenza, se acordó de Carla, la morocha, y se éxito y se entristeció y se golpeo la cabeza, una, dos, tres, cuatro, cinco veces con su puño cerrado
-¡Basta! ¡Basta! ¡Para! Llorando, Octavio volvió, sentía un dolor inmenso, se sentía desprotegido, pensó en la habitación de los sillones y de la pecera de las plantas. –Andate a la computadora, anda
Malem lo empujo con fuerza de la cama, el cuerpo grande y pesado no se movió, pero él entendió y se fue.
Mientras se iba, su hermana lo miró con un poco de cariño. Su cabeza chiquita, su cuerpo grande. Y pensó con un poco de celos, en su hermana, sus cicatrices, sus golpes contra la escalera y sus llantos, también sus hermosas cejas. ¿Cuándo iba a volver Octavio? Octavio el gordo, digo. De noche, Octavio estaba frente a la computadora otra vez, iluminado por la luz azul del monitor.
En la habitación de abajo estaban Carla con sus lentes para ver. Malem y Lautaro, con el pelo largo y la ropa descuidada. -¿Entendes?- Le preguntó Malem. –Si- Dijo Lautaro, y miró hacia donde estaba Carla. –Perdón- Y Carla dijo que estaba bien.

Los hermanos- 4

El gordo Octavio acaricia a Carla en el pasillo oscuro, despues la mete en la habitación, le toca la entrepierna por arriba del vaquero, frota fuerte con su mano, fuerte y rápido. Le aprieta las piernas amarrándolas todas con una sola mano. Carla siente. No puede evitar sentir placer, pero ve la mano gorda de su hermano, fuerte, el brazo lleno de pelos y se resiste, en voz baja. Pero él no entiende en voz baja.
–Para, Octavio, para, por favor
Octavio le toca las tetas, se las acaricia fuerte, las aprieta, de repente le ve la cara a su hermana, de dolor y tristeza, resistente, y se excita mas, la abraza fuerte, ahí es cuando deja de sentir. Y la toca con su sexo erecto, la aprieta contra él y comienza a moverse, la tira a la cama desarreglada, ella se quiere escabullir debajo del gran cuerpo, pero es muy pesado, se queda sin aire, lo muerde en la cara, pero él la lame, desesperado como un animal, disfrutando cada espacio de su cara, va desde la pera hasta los ojos y repite el movimiento. Se sigue moviendo, hacia arriba y hacia abajo. Malem esta lejos, con su falda escocesa en la escuela. La madre esta trabajando. La casa esta inmensa y vacía. Octavio sabe y le muerde fuerte la nariz, ella empieza a llorar, no sabe que hacer. Octavio le pega en la cara, una, dos, tres veces, muy fuerte, con esa mano enorme que no es lo mismo que cuando después le pega a su propia cara, también enorme y dura. Con ese ojo un tanto desviado y esos ojos más juntos que lo común, y esa nariz delgada, esa cabeza rectangular, ese pelo tan gordo, la pera escasa, la papada dura, Octavio es horrible, cuando se pone así es horrible ¿pero que voy a hacer? Y ella, una chica bastante linda, gritando debajo de él, su hermana, sangrando por la nariz comienza a pegarle en la espalda para sacárselo de encima, pero lo único que logra es hacer ruido, además, no le quiere pegar mas, ella lo quiere. El también la quiere, cuando ve a su hermana y no a la morocha que lo calienta. Octavio gira sobre ella y queda boca arriba sobre la cama, esperando a que ella lo acaricie y se le suba encima, él se mira el bulto en el pantalón y se lo toca. Carla, la blanquita de pelo negro, de cejas perfectas, corre fuera de la habitación. Octavio la deja ir, se queda acostado, casi dormido. Faltan tres horas para que vengan todos. Octavio se acordó de Navidad, de cuando se juntaba toda la familia, de los regalos, y del papá.
Octavio se aburre de la computadora y se levanta, encuentra a su hermana abajo en la escalera, el no tiene la mirada del niño, ella se da cuenta aunque este lejos y arriba. Octavio camina hacia ella, ella espera a que este a mitad de la escalera, siempre le costó bajar, tiene miedo de caerse. Carla corre hacia arriba, Octavio también, pero se cae y se golpea la cara, le sangra, le duele, llora, todavía no es el niño, esta muy enojado. Ella se detuvo un poco a ver si se había lastimado, pero ya estaba bien, ya podía correr y alcanzarla. Octavio la agarro de una pierna y la tironeo hacia él, ella cayó y se arrastro por el piso. El la puso sobre su entrepierna, sintió su cuerpo liviano y blando y comenzó a jadear y a frotarse. Después la tiró escaleras abajo, Carla no pudo poner sus manos y se golpeo la cara repetidas veces, sintió que se moría. Octavio corrió hacia ella y la agarro, y ella se soltó y corrió hacia la habitación de la pecera y de los sillones y del teléfono y después a la sala de los pocos silloncitos.

La sala de Octavio- 5


A Octavio le encanta esa sala, cuando entró se calmó, ella sabía que iba a pasar eso, se sentó en un silloncito y descansó. Octavio se sentó cerca de ella, en ella vio a Malem, la rubia linda, buena, la herma, la hermana buena, mi hermana, mi hermana. Octavio la beso en una mejilla y sonrió muy contento. Carla no sonrió, sintió algo de lastima, odio y miedo, la cara le ardía y le palpitaba. Octavio ya se había olvidado de su golpe. Carla pensó en irse a leer a la plaza, y se levantó. Malem le hubiera dicho –Me voy a leer gordito, te quiero- Pero no, que le va a decir la negra esa, la blanquita de pelo negro que se cree muy inocente, es buena, es buena porque es inocente, Malem, es buena porque es inteligente. Malem llegó minutos después. Octavio estaba sentado en el silloncito. Carla leyendo en la habitación de su hermana, ahí Octavio no entraba sin permiso. Habían pasado dos horas y Octavio seguía sentado ahí, había pensado mucho, y cuando vio a Malem mirándolo desde lejos con cariño, se acordó de su hermana rubia, la inteligente, le vio la falda escocesa, la mochila –Hola gordito, ¿Qué estuviste haciendo?- Malem subió las escaleras sin esperar la respuesta del niño. Fue directo a su pieza, en el camino vio la computadora de Octavio, siempre prendida. La cama de Carla, desarreglada, eso no era tan común. Carla sintió los pasos y se levantó velozmente. A la pobre hermanita menor, si Malem la veía lastimada se iba a preocupar mucho. Ella salió corriendo como haciendo un chiste, con el libro en la cara -¡Soy un libro, soy un libro! ¡Salgo de tu pieza!-. -¡Mejor trata de curarte vos, así vas la escuela y no quedas con Octavio tanto tiempo!
Malem entró llorando a su cuarto y como si no importara se sentó en la cama, se acostó, se tapó. Octavio se puso el pantalón verde y la remera de gimnasia. –Me voy a la escuela- Le dijo a Malem, ella se acercó y le dio un beso en la mejilla. Después lo miró seria, como retándolo.
A la noche Carla insistió en ir al colegio, la madre le dijo que si. Carla se despertó en su cama, tapada y prolija, miró la hora, ¡eran las once! Mamá no me despertó. Se quedó acostada en la cama, sabía que estaba sola, debajo de la cama se empezó a tocar. Octavio entró, y la vio, con la bombacha negra debajo de las sabanas blancas. Entró a la habitación y se acostó sobre ella –¡No!- Octavio la agarró y la levanto en brazos, la llevo hasta la escalera, la empujó, ella cayo y corrió por las habitaciones hasta la sala de los pocos silloncitos. –¡No! ¡No!- Gritó fuerte Octavio. Ella se asomó fuera de la sala, y Octavio apareció detrás de una pared de la sala de la pecera de las plantas. La agarró, desnuda como estaba, y la tiro al suelo, le pegó fuerte, muy fuerte, se le tiró en encima y le sacó la bombacha y el corpiño. Él que no tenía ropa tampoco, se sacó el calzoncillo y la penetró –No! No! No!- Gritaba Octavio, y agarro las tijeras de las plantas sobre la mesa. Se las clavo y en un hombro y siguió gritando, y ella sangraba y gritaba y lloraba, y el le pegaba y la penetraba y se acordaba del gatito al que le había hecho lo mismo y no vio nunca mas. La golpeaba, la deformaba. Se levantó, estaba muerta, blanca, cogida como decía el papá malo, malo papá. –Malo papá, malo papá- Le decía a Carla y ella muerta y blanca, parecía llorar y taparse la cara. Octavio se empezó a golpear y corrió a su habitación, y golpeó fuerte los escalones, como tratando de romperlos, y le pegó a la baranda de madera tan fuerte que la rompió. Se vistió con su camisa y su pantalón de la escuela, no se puso la corbata, corrió lejos de la casa, corrió, corrió.
-El no es ningún pelotudo, ningún loco, ¿sabes? Vos no sos ningún loco ¿Sabes?- Le había dicho Malem a Octavio cada día. Octavio si estaba mal, nadie lo podía ayudar, fue un viaje, después de pasarse de drogas, se rindió.

Lautaro- 6

–Yo le decía eso, siempre- Malem hablaba con Lautaro, con el pelo sucio, largo y enrulado.
–Me tengo que ir- Dijo Lautaro, y se levantó. Carla estaba pálida y oscura como siempre, con sus lentes de sol y su ropa negra y su cara hermosa, con cicatrices.
Malem entró a la casa y vio entre las habitaciones, tirada en el piso de la sala de la pecera, a su hermana, denuda, solo con la bombacha negra. Corrió asustada hacia ella –Hey, Carla, Carla, gordita- Malem miró alrededor buscando a su padre. Su padre no estaba más. Su mamá no llegaba hasta dentro de una hora y si la llamaba que le decía –Mamá, Carla esta muerta, esta desnuda, tiene heridas muy fuertes, otra vez, ma- má, otra- vez - Malem lloró diciendo mamá, mamá, y miró a su hermana con la expresión triste y paralizada, la rubia la miraba con terror, buscaba algo con la vista, con esa mirada de hermana mayor enojada, para siempre, confundida, asqueada.
Octavio volvió de la escuela, su madre lo supo, su hermana lo supo, pero él igual, a diferencia de papá, vivió ahí muchos años más, porque ellas se volvieron a equivocar. Su hermana Carla, volvió rehabilitada. Nunca se habló de lo que pasó, Octavio no entendía como su hermana volvió si estaba muerta. Su hermana estaba internada, pero nunca se habló de eso con Octavio. Casi nunca se habló de vuelta con Octavio. Pero él, de repente flaco, lindo, muy cambiado y de personalidad agradable, fue siempre el más querido por su madre. De algun lado sacó valentía para volver, sin psicólogos ni psiquiatras ni nada, solo con drogas, de las malas, el volvió.
Carla lo miró asustado, parecía otra persona. ¿Dónde estaba el bobo? ¿Qué había pasado con su hermano que la había violado y la había lastimado? Repleta de cicatrices. Octavio ahora tenía barba y el pelo enrulado, ya no lo rapaban más, y usaba ropa con estampados de bandas punk. Si, la casa también había cambiado, estaba sucia, descuidada, llena de polvo, lo ultimo que se arregló y se limpio, fue la sangre y la baranda de la escalera. Su madre había tirado la computadora, y había cambiado de habitación a Octavio. La habitación ahora era mas chica y estaba llena de posters, historietas y revistas de Rock and Roll, debajo de la escalera caracol, había solo una cama y las paredes, casi todas dibujadas y manchadas. La antigua habitación se cerró con llave y no se usó nunca más. Más de una vez Lautaro preguntó que había ahí, y se sentía atraído por entrar.
Lautaro entiende que Carla tiene un problema. Malem esta un tanto enamorada de Lautaro, pero ella es creída, es insoportable.
A Octavio se le viene cayendo el pelo desde hace tres días. Malem encontró a Carla rapándolo por completo en su propia cama, ahora siempre ordenada. Ataques de nervios, o las drogas.
Octavio parece ya no sentir nada por Carla.

El boliche de los sábados.

–¿Ellos nunca se hablan?- Pregunta Lautaro mientras toma un vaso de cerveza y fuma un cigarrillo
-Se hablaban, hace un par de años. Carla lo quiere -Son hermanos -No lo quiere como un hermano, lo quiere como un… No se. Pero él no la quiere más a ella, por suerte. Yo hace tres años que no le digo ni una palabra, a Carla y a mamá tampoco.
-A mi me hablas, poco…
-Y te voy a hablar menos si le seguís haciendo eso
-Ella me buscó. No se cual es tu problema. Me acuerdo la vez que me viste en la entrada, estabas apoyada en la cerca mirándome mal, muy mal. Yo estaba con tu hermana, nada más, ella me busca todo el tiempo.
-Sos un pendejo de mierda.
Esa noche Lautaro, Malem y también Carla fueron a una fiesta. La misma fiesta que se hace cada quince días en el bar. Ese sábado no había nadie. Malem ya había terminado la escuela, ahora estudiaba psicología. Lautaro se pasó la noche hablando con Carla, desaseándola, y ella deseándolo a él. No habían tomado nada en toda la noche, estaban sentados en los sillones con otros amigos que fueron a la barra y después a otro sector del bar. Esa noche se rieron mucho. Lautaro quiso comer algo y las chicas también. Fueron a la barra pero ya no había pizza, ni empanadas ni medialunas rellenas, solo había comida fría, sándwiches, de jamón y queso, también había de salame, pero Lautaro no tenía ganas de eso. A las chicas les daba igual. El quiso pedirse un trago, pero solo quedaba la mezcla esa de colores, se la compró porque tenía sed. Comenzó a sentirse muy mareado, entonces gastó mucha plata en tragos para Carla y para Malem, Carla se negaba, pero tomaba igual, de mala gana. Esa noche Malem aflojó un poco, empezó a llevarse mejor con Lautaro. Carla estuvo bastante callada. Pusieron la pantalla en el bar y hablaron sobre lo que estaban dando. -Ahí en el bosque ese se pierden todos chicos y no vuelven -Para mi que los violan -Me quiero ir, no me gusta esto -Te queres ir con Octavio. Sabes que el no esta en casa -¡Me quiero ir a dormir! ¡Nada más! -Dale Carla, quedate -Vos no te metas, estoy hablando con ella. Trajeron las armas-Yo me quedo quieta -Yo también, pero al lado de ella Se pararon los tres, el lugar se llenó de gente. El anfitrión subió al escenario, actor rubio, la estrella. La parte bip del espectáculo estaba en un puente de hierro negro, arriba del campo, viendo todo mas tranquilos, con bebidas gratis. Por contrato el cantante tenía que subir y tocar con ellos. Allí recibió tres tiros. La puerta del bar se abrió, afuera había un campo oscuro, con pasto y árboles y viento. Carla estaba afuera, esperando a que le digan que pase, estaba con un vestido blanco y mas pálida que nunca, lastimada, casi azul, con el sexo lastimado
-Es ella, es mi hermana
-¿Pero que hace aca?
-La trajiste vos
Lautaro se puso detrás de Malem y le pegó con el arma en la cabeza
-¡una, dos, tres, cuatro veces! ¡Si!
uando cayó al piso le clavo el vaso roto. Carla dijo algo
-No es interesante
-No…
Lautaro engordó y se engraso como un militar gordo y la ropa le apretó la panza hinchada
-Pelotudo, Octavio pelotudo.
Octavio se tiró sobre ella y la golpeó hasta casi matarla. La gente del bar miró la violación y después de que él acabó, lo separaron de ella.
Encerraron a Octavio en un hospital psiquiátrico. Ahora pasa los días tranquilo, drogado, como en frente de la computadora, como cuando se iba de viaje o visitaba a las hermanas lindas. La mayoría de las veces tiene ganas de matar y violar y golpear y hacer sangrar a la enfermera. Malem quedó igual que Carla, inocente. Carla vive con su madre, hablan mucho, la madre sigue gritando, a menudo es violada por una pareja de su madre. Octavio sueña con salir y pedir disculpas a Malem. Lautaro las quiere ir a visitar. Octavio quiere seguir jugando.
Pero las hermanas, ya no son tan divertidas, no tienen balance, las dos iguales. Es aburrido. Octavio se deprime todos los días por eso. Se cagó la vida.
El sol cruza las fronteras, y allí, ningún guerrero puede alcanzarlo con sus flechas

sábado, 23 de enero de 2010

Dedicado a Lucia Puenzo, Cedron, Martell y Mendez, especialmente Mendez

video

viernes, 22 de enero de 2010

Un día antes de pelearnos conocimos el tipo de día que realmente nos hacia felices. Después, cuando volvimos a estar juntos, todos los días fueron iguales.

nada pecesito


Entro á la habitación oscura, envuelto en un descuido de hace seis meses.
Me mareo acompañado de gritos internos.
Sin preocuparme por despertarla, entro, como quien va mas que decidido a hacer algo, moviendo los brazos exageradamente y levantando los pies bien altos.
Llego a la cama y me inclino.
No pago, mi movimiento es rápido y preciso. Le perforo el pecho y le saco lo primero que encuentro.
Es justo.
Cuando me voy con él entre las manos, comienzo a sentirme débil. Me mareo otra vez, veo la sangre que mancha el piso y se mezcla con el polvo.
Cuando noto total ausencia de color en la cosa entre mis manos, me derrumbo bajo el marco de la puerta.
Ok, me quedo quieto, no me puedo mover, ella sigue acostada.
El humo de los sahumerios me hace arder los ojos y el aire ya respirado nos conecta.
Porque por más que quiera, acá termina todo.
Y no va a pasar nada después de esta muerte. Nada vivo.
Se lo voy a demostrar. Yo también se amar después de la muerte

Terroooooooor

Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie mas en el mundo; todos los otros seres han muerto...


Golpean a la puerta

THOMAS BAILEY ALDRICH

Cuando uno es Feliz, Joven e Inocente, escribe cosas como esta:

Que sea leve
Sea escurridizo
Sea casi transparente en esta segunda vez
Que no tengo ganas de sentir tan fuerte
el roze
Que no ahogue otra parte del niño la circunstancia
No quiero estar entre condiciones de otros
Que sea translucido, que sea suave
Que no deje de hacer frió, que no deje de amanecer
Que no quiero dejar de sufrir,
Que sean leves los cortes

Y no tanto sus cicatrices
Es como si todo te quedará allá todo tan lejos, menos tus ganas de besarla, abrazarla, de estar con ella, de verla reír. Y ella haya, lejos.
No puedo contar hasta tres sin extrañarla.
No se si es egoísmo, porque ella se quedó con algo mío, o es cariño, simplemente porque si, porque quiero, porque el cariño tiene que existir, cuando me abraza y se queda ahí, abrazándome, me doy cuenta, y si pienso en eso... hay que esperar, no me quiero derrumbar. La extraño mucho, muchísimo, y ella haya, lejos, mas de lo que debería, mas de lo que quiero. Pero la sigo queriendo.

martes, 22 de diciembre de 2009

A Rocio

Lo más lindo fue lo que dijiste de los demás. Hace mucho no me siento así, como cuando vi esa película y lloré de tristeza, esta vez no lloré, pero me sentí querido y amador. Sentir amor por los demás, es lo que mas amo de la vida, por eso me diste mucho más de lo que te di, me hiciste emocionarme con las palabras que te emocionan y te hacen feliz. Nunca, nadie, jamás, además de mi vieja que es mi héroe de la niñez, me hizo tan feliz con lo que escribió. De ahora en más leerte es algo maravilloso. De ahora en más voy a tener miedo cuando sienta que te estoy perdiendo. Gracias por hacer que te quiera.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Ahora soy mas gordo que el mas hambriento de tus gatos

Los himanes hen hel hierro

Ningun guerrero puede alcanzar al sol con sus flechas, porque el sol ya a cruzado la frontera.
Y haya va ella. Cobarde
Y haya va él. Escapista

Para que se iba a mentir a él mismo, allí donde nadie lo escuchaba, en su cabeza que a veces sentía tan permeable como una media de red o un colador de café, café, café, eso le haría bien. Los primeros golpes lo excitaron de manera violenta, tuvo la impresión de estarse congelando por dentro y poder controlar su erección, se paró de un salto y la silla en la que estaba sentado cayó e impacto contra la ventana que tenia detrás, con el ruido de los cristales cayendo y la calculadora en la otra oficina, se le puso la piel de gallina y gritó de inmediato que estaba bien, todo estaba bien por allí, que la ventana se rompió sola. Entonces corrió, con el sonido de la tos de la oficina de al lado, bajó las escaleras y pasó por todos los pisos a sumas velocidades abriendo y cerrando puertas, muchas y con fuerza. Al llegar a la vereda, el frió era insoportable, y tenía un profundo corte en su brazo derecho, la sangre emanaba como agua de una catarata, y cada gota que perdía era un pinchazo de aguja en las venas irritadas. Delante de él se topo con cinco o seis tipos de veinte a treinta años, vestidos con armas de fuego, un disparo impactó en su pecho y entonces sintió que se moría, el teclado de la oficina sonaba con una fuerza tremenda, así que se levantó y corrió como pudo, se sacó la remera y la herida de bala dejó de sangrar, estaba seca y profunda como un hueco en un maniquí. Sintiendo punzadas fuertes en el corazón entro a un bar, donde un gordo de camisa blanca y el pelo engominado lo atendió. Cada botón de su camisa era una amenaza. Allí en la otra mesa estaba ella, una rubia de unos pechos enormes que no tardó en fichar, ella pidió la cuenta al gordo y se levanto de su silla. Él se olvidó de su café y de sus medialunas y de que en realidad nunca tuvo dinero, y se levanto para seguirla, sin la remera, con un tiro en el pecho y el pelo engrasado, ella sintió el olor de la sangre y dio media vuelta, dejando su rostro en penumbra y sus amarillos pelos radiantes reflejando la luz en sus ojos. “Tengo la solución” El dudó si se trataba de una persona que ya conocía “Seguime y hagamos las paces” No la conocía, se dio cuenta al instante, ella comenzó a correr por las veredas rotas y el la siguió detrás a toda velocidad, lo pelos de ambos eran arrebatados por el viento y una nube amenazaba con caerse sobre ellos y bloquearles el camino para siempre. Ella dobló en la esquina y comenzó a correr cuesta arriba, cuando él vio el desnivel del suelo sintió una punzada en el pecho y cayó sobre las baldosas rotas. Ella no detuvo la marcha, corrió y lo dejó atrás, corrió a buscarlo en una nube, sin jamás mirar hacia atrás.

viernes, 10 de julio de 2009

mediatarde

La noche esta tan embromada
Me parece que va a dejar de…
De hacer eso en algún momento
Eso que también hacen las aves.
Las aves, las noches, los árboles
de ramas secas casi desojados del todo, va!
Los de hojitas de metal…
esos también lo hacen y también
las codornices azules

espero que mi terroncito,
al que le puse un corazón,
y ahora lo escucho latir todas las noches,
y lo guardo en una cajita de zapatos azul codorniz,
con huecos para que respire
No me falle hoy
Que por lo menos hoy
no deje de hacer eso
eso que también hacen los gatos
y todas las personas cuando llueve
No, secarse no, eso es un poquito más fácil,
yo digo eso que hacen los patos,
después de tragar y mucho antes de digerir,
obvio

Bueno, y sino, me voy a conformar
Si, voy a hacer eso, mientras roze
las ardientes palabras que quemaran
otra vez el tiempo y lo que viene con el.

Y después, me voy a secar, voy a tragar,
A digerir, a sacudir mis hojas, todo junto
Capaz que me acostumbre,
Y capaz que cuando me acostumbre
Me acuerde de eso que no me acuerdo
Porque claro, ya no me va a interesar.
Y cuando a uno no le interesa algo
Se acuerda todo el tiempo
“¡eso no me interesa! ¡Me tengo que acordar eh!”

Igual no quiero que lo dejen de hacer.
Si no me voy a poner mal,
Y voy a dejar de caminar abajo del diluvio,
para después secarme.
O tragar para después digerir
El problema va a estar cuando quiera esquivar el viento
Para no sacudir las hojas.
Creo que tengo miedo, porque si no me pega el viento
Voy a desaparecer

Y si dejan de hacer eso que no me acuerdo que es.
Voy a desaparecer
Yo supongo que algún día el viento
Nos va dejar de tocar a todos…
No se, alguna vez se tiene que cansar de ser un puerco.
Y entonces, todos vamos a desaparecer

Me imagino cuando mi terroncito se moje,
se disuelva debajo de la lluvia,
y solo quede un corazón diminuto,
rojo y brillante, latiendo solo.
Con esa inmensa soledad
que tienen todos cuando hacen eso
mientras llueve

jueves, 9 de julio de 2009

Hay veces que no vale la pena una pena

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Escondo y grito para que me oigan escondiendome

Un sol que deja ver todo
Una llama en una vela que ilumina cuando mi pecho no da más. La entrada al pasado oscuro de ese adolescente perdido, drogado, borracho, la que en grande y encerrada soltó la libertad descontrolada y un olor fuerte a sangre y a poca luz, a largas y oscuras distancias, a momentos únicos. Suaves resplandores titilantes, voces suaves, golpes suaves, profundos, una soledad que no existe pero duele. Mierda, dolor de todo.
A todo le atribuye una atroz tortura, una fusión de legados de frases de acoso y de presiones, de palabras rápidas, densas y que dicen que es lo incorrecto y que esta bien, para ver siempre a donde hay que ir y a donde esta el tren y cuando llega. Los pibes sueltos y solos, sus letras cortadas punzan. Lo que es caer, la ironía triste, el miedo a la ceguedad. Sangre en las manos de todos, desde el parto y hasta la muerte, cercana, cuando no importa, cada vez más cerca de la juventud. Un par de pases y unas zapatillas sucias, rojas, viejas, todas rotas y meadas, un plato, una campera de cuero y hasta la victoria no existe cuando hay que salvarse y no desaparecen los demasiados errores y mucha, mucha droga, mucho vino, mucho techo y ni un poco de encierro. No se muere llorando, fuerzas. Fracturas, echados al piso, gritones como niños, pero diferente, la ropa se estropea, claman piedad, silencio, dolores punzantes en la cabeza, ¿en que estamos pensando y quienes somos? Partes que se agrandan, mucha ignorancia, mucho abandono, mucha mugre como para morir en el piso. Sueño descontrol, quiero que me arranquen todas las partes lisas, toda la conciencia. Sueño con irme a la mierda y dejar todo, que se pudra hasta caerse lo de atrás, que se seque y se valla. En mi caja hay partes y huesitos, hay sexo, frustrado o rojo, o nuevo, o confuso o desleal y a veces humo, cambiarlo por la muerte sacada, por un año de descontrol, por respeto puro a todo y que se valla todo al carajo, ellos y ellas, mierdas, dedos huesudos, acordes tarados, mucha ropa al lado mío, perchas rotas, porque prefiero lo que sale, como hojas de ese tronco. Entro en razón un segundo y me descontrolo al ver que hay una tuca en cada uno de mis bolsillos. Pierdo hasta mi propia credibilidad.
Yo quiero un 5to y muchas ventanas y una vista lenta y una llama que se extinga, se ahogue o se apague y lento no destelle más. Con dejar todo, todo lo que no quiero, ojala expirara mi comida, y que sus pelos se ahoguen, mucha mugre en el piso, mucha sangre, papeles, golpes, un manoteo, por un pasillo. Cera que quema, en el cuerpo, raramente sin remera, mucho frió, olor a sala de espera, a hospital, la cera esta caliente, y quema, y una sensación nerviosa adentro que parece eterna, un dolor de estomago o de pecho, y la cera que relaja, y el amor que se va pero deja su dolor y el sol que no me importa y tu sangre que se seque o te acaricio, compulsión, descontrol, manoteo al plato, vela apagada. Destrucción de neuronas y blanco puro. Y ausencia de pena hacia mí, por los demás. Ya no me importa no tener un estilo reconocido y fijo, este es el mío. Mañana me muero. Nunca me importó.
El juego no es tenerle miedo a la vida, si no a la muerte.
Y si estoy deprimido, voy a decir que soy un cobarde, por no tenerle miedo a la muerte. Que así esta decidido, en algun momento hay que morirse.

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